Josep Bartolí y el mago

Autoretrato / Bartolí

Los ojos me brillaron cuando recién encontré un reportaje sobre la edición de un libro en España con los dibujos del pintor Catalán Josep Bartolí, La retirada. Yo conocí a ese señor hace mucho tiempo, y este nuevo libro me recordaba otro que había en mi casa y que ya nunca encontré (Campos de concentración), tenía ilustraciones que desde chico me habian sorprendido. Eran dibujos sobre los campos de concentración que los franceses utilizaron para recluir a los españoles que huian de la furia franquista a finales de la guerra civil española.  Dibujos imborrables de mi memoria.  Hice todo lo posible por conseguir esta nueva edición preparada por un fotógrafo sobrino de Josep. Lo logré, por arte de magia llegó a mis manos.

Pero esta historia empieza mucho antes, hace más de 60 años.  Es dificil meterse a los recuerdos de mi infancia, siempre incompletos, y recordar a un visitante ocasional que iba a mi casa, pero esto me ocurrió al menos con Josep Bartolí, debo haber tenido 7 u 8 años. Mi madre lo debe de haber invitado a comer a casa, porque mis recuerdos son siempre alrededor de la mesa redonda del comedor.

Ahí platicabamos, la única pista que tengo de las fechas en que se dió nuestro encuentro es un dibujo de la ciudad de Cholula, Puebla.  A lado de la firma dice 1957. Ese dibujo estaba enmarcado y puesto en mi casa, deduzco a tiempo pasado, que mi madre y Bartolí deben de haber visitado la ciudad y él le regalo el dibujo.

Cholula 1958 / Bartolí

Mi madre Elba debe haber tenido unos 35 años y Josep unos 47. Parece ser que Bartolí, quien llegó como refugiado a México, se estableció en la Ciudad de Nueva York poco después, pero su querencia por México hizo que regresara con frecuencia, era amigo de las Pecanins donde ocasionalmente él exponía sus cuadros en su Galería. Para las fechas de sus visitas a mi casa, el famoso affaire con Frida Kahlo, ya habría concluido;  simplemente porque Frida ya no estaba en esta tierra. ¿Qué características tenía la amistad con mi madre? ¿Cuándo, cómo y dónde se conocieron? No tengo la menor idea.

 

Pero el recuerdo de él se fijó en mi, no sólo por su presencia carismática, sino porque también me dejó testimonios en papel, me regaló unos dibujos.

Bueno, uno mas bien fue un boceto hecho a la carrera sobre la mesa del comedor, seguramente yo tendría que asistir disfrazado a la escuela o a una fiesta y teniamos que pensar en algún motivo adecuado.  En esa mesa se decidió que tenía que ser un mago. Así en trazos rápidos dibujó al personaje que proponía: una especie de camisón largo me llegaría a los pies, sugirió que la tela de fondo fuera de color negro o rojo, y que tuviera pegotes de estrellas y planetas dibujados en amarillo. También barba, lentes, etc.. Aquí muestro el dibujo que siempre guardé, y que a fin de cuentas es el que mantuvo vivo en mi memoria a aquel pintor catalán.  El haber portado el disfraz, rememorar la fiesta o evento al que asiste con el, no lo recuerdo; pero tengo la certeza de que mi madre elaboró aquel atuendo.

El mago / Bartolí

S/N Bartoli

Además de los dibujos, nos obsequió dos cosas mas, a mi madre, y por tanto a mi casa, un cuadro al óleo. Y aquí recuerdo perfectamente dos comentarios que me hizo Josep, uno, que era el que mas me llamó la atención, era un juego, es que el cuadro aunque fuera “fijo”, se movía. Si ponía atención, el contraste de los colores, el rojo con azul, hacia que “el ojo” tuviera problemas para afocar, y por tanto la pintura, saltaba. Y si, a la fecha, brinca.

De chico, eso me sorprendió muchísimo, se me hizo divertido, y el cuadro se volvió mi favorito, se quedó colgado ahí en el comedor frente a la mesa. Y de vez en cuando, pasaba, me detenía ante aquellos chillantes colores y veía los brincos.  El otro comentario que me hizo, fue el de la luz, me enseñó que siempre había que colocarse con la luz a tus espaldas, así como él se colocaba en la mesa de nuestro comedor, porque de esa manera, lo que vieras estaría con la mejor luz, me dijo y aprendí que esa es la mejor manera de observar.

Boxeadores / Bartolí

Quizá por eso hago cine, bueno, pero pura especulación porque debí de haber tenido solo ocho años, y además, generoso, me regaló un dibujo extraordinario de unos boxeadores, lo considero mágico:  fuerza, abrazo, lucha, sigue conmigo.  Ya con el tiempo, me parece un símbolo de su vida. Tuvo que huir de la huestes franquistas, luego de los campos de concentración franceses que son una vergüenza histórica, peleó dibujando y escapando. Se fugó arrojándose de un tren que lo quería trasladar a un campo de exterminio nazi.   Los boxeadores se pelean, se abrazan, son fuerza y determinación.


El dibujo de Bartolí es una fuerza enorme, no es un dibujo realista, siempre está interpretando lo que ve, lo que recuerda o lo que imagina. El calificativo de su trabajo, que me parece inapropiado, sería el de caricaturista, porque siento que esto traiciona su lectura, me parece limitado. Sus trazos son implacables en su expresión.

Prisioneros del campo de concentración

Francisco Franco y su corte

La perseverancia de la memoria, de mi infancia a ahora, se reaviva por la relectura de los dibujos de “La retirada”; me sorprendó a mi mismo al poder recordar esos momentos aislados que viví con aquel adulto pintor, y la relación de afecto que ha perdurado a lo largo de la vida.  Lo admiro porque con mis escasos años, me platicó, me dedicó parte de su tiempo y su obra. Incluso el impacto de sus dibujos, repito, nunca se borraron de mi mente, aunque cuando de jóven ví esos barrocos trazos, no pude haber comprendido cabalmente lo que significaban: que Josep haya estado presente en esos lugares, lo que significaba la guerra civil española, que por azares o por decisión eligiera a México como su destino de refugiado.  Para mi era solo un simpático amigo de mi madre.  Lo que si comprendí, fue la rudeza de aquellas imágenes, los malos  eran grotescos, monstruosos, presumidos y odiosos personajes. Los buenos, arremolinados, desprotegidos, flacos, tristes.

México tuvo un papel destacado en ayudar a los españoles que huian de la violencia franquista, y acá llegaron artistas, doctores, intelectuales destacados.

Dibujo que ilustra la importancia que tuvieron México y La U.R.S.S. para el incansable Josep Bartolí. Varios barcos zarparon de puertos franceses para llevar a tierras seguras a los perseguidos republicanos.

Cito al sobrino de Bartolí, Georges un fotógrafo que ha rescatado su obra, y  ha hecho posible la edición de La retirada.

El 19 de febrero de 1939 cruza la frontera, a pie, en plena montaña, por Lamanère, el pueblo más meridional de Francia, junto a un millar más de españoles y con los fascistas pisándole los talones. Es internado en un campo de concentración tras otro: Lamanère, Argèles, Saint –Cyprien, Riversales y Barcarès. Es precisamente en Barcarès , cerca de Perpiñán, donde contrae el tifus. Hospitalizado de urgencias, se escapa con la complicidad de un oficial francés. Pero lo capturan enseguida y lo transfieren  al campo de Bram, cerca de Castelnaudary;  justo al lado de una estación de la que partían, a todas horas, los convoyes enviados por la administración francesa hacia España.

 Josep esquiva por los pelos el campo disciplinario de Gurs, de donde debía ser devuelto a España, es decir, hacia una muerte segura. Mi tio no era el tipo de vencido que entrega las armas. Vuelve a huir, llega hasta París, donde se encontraba ya uno de sus hermanos, con el que trabaja para espectáculos del Folies-Bergère y del Moulin-Rouge. Justo después de la invasión alemana, abandona París ocupado, se esconde en un primer momento en Chartres, antes de partir hacia Burdeos, pasando por Orleans, con la esperanza de encontrar un barco que lo lleve a México. Se libra de numerosas detenciones antes de ser, finalmente, capturado por la Gestapo de Vichy. A punto de ser deportado a Dachau, consigue de nuevo escapar y se refugia en Valras.

Después de muchas peripecias, y gracias a una red de ayuda de refugiados judios, se embarca en Marsella en el Lyautey. Desembarca en Tunez y, pasando por Oran, llega hasta Casablanca, de donde partirá por fin a México.

La prensa de arena

Fue en el campo de Barcaès donde empezó a dibujar bocetos en un pequeño cuaderno que escondía para no atraer la atención de sus carceleros y que permaneció enterrado en la arena cuando le ingresaron en el hospital. Lo recuperó al salir. Continuó su <<obra de resistencia>> detrás del alambre de púas. En Bram por primera vez obtuvo una libreta de dibujo que constituyó la base de su trabajo.


He elegido solo unos ejemplos de los dibujos, en el libro “La retirada” donde están comentados, e impresos de manera ejemplar. 

Vista de mosca. Guardia francés que vigila y acosa a los concentrados. No deja de haber, a pesar de la tragedia, humor. Bartolí se burla de sus carceleros. Esto sólo habla de su espíritu invencible, ante la adversidad, la risa.

Un cuaderno con notas y dibujos escondido en la arena, se ha vuelto el arma más terrible, el arte de su lápiz oculto ha derrotado el olvido, con su diestra mano traza aquí a sus compañeros de encierro, hambre y tortura.

Georges Bartolí al final complementa la edición del libro de su tío con fotos que tomó en los campos de concentración en la actualidad, siguen ahí como testimonios de las bárbaras complicidades de las autoridades francesas con los nazis.   Actualmente, en este año de 2022, hay una exposición en el antiguo campo de concentración de  Rivesaltes, se llama Josep Bartolí, los colores del exilio.

Georges Bartolí al final complementa la edición del libro de su tío con fotos que tomó en los campos de concentración en la actualidad, siguen ahí como testimonios de las bárbaras complicidades de las autoridades francesas con los nazis.   Actualmente, en este año de 2022, hay una exposición en el antiguo campo de concentración de  Rivesaltes, se llama Josep Bartolí, los colores del exilio.


Si bien estos dibujo son muy llamativos, Bartolí no se limita a esto, su obra pictórica es muy completa e importante.  Dejó México y se fue a vivir a Nueva York, desde los años cincuenta, ahí fue parte importante del movimiento pictórico conocido como de la Calle 10,  Rothko, Pollock, De Kooning. Trabaja como ilustrador con sus dibujos en la revista Hollyday.

Josep Bartolí es algo de lo que aquí se menciona, de lo mucho que se puede hablar de él, pero esto a final de cuentas es un artículo muy personal, donde mi propósito fundamental es hacer honor a la memoria de mi amigo de la infancia.  Me cuesta trabajo verlo, como la víctima o el héroe de los campos de concentración, mi experiencia personal sólo me habla de su calidez, de su empatia que parece haberla tenido no sólo conmigo sino con mucha de la gente a la que conoció.  Hoy en dia el único sueño que no dejo de tener es poder hacer un documental sobre él, me encantaría ir a Barcelona, ver de donde salió, de esa familia de escenógrafos, artistas, rebeldes. Reandar sus andanzas en México y los Estados Unidos, Frida Kahlo, Las Pecanins, mi madre, sus amistades. Su esposa en Nueva York.  Es probable que la relación con mi madre también haya tenido que ver con Nueva York, ahí tenia yo una madrina de origen cubano, gran amiga de mi madre,  que departía con muchos artistas en aquel Manhatan legendario, que sé yo, tanto por investigar, averiguar. Y eso solo puede pasar con alguien que te mueve las entrañas y la memoria.

El mago

Lo que si haré un día de estos, es dar vida al disfraz que Bartolí imaginó para mí, para “el jefe”, y aunque lo haga 60 años después, me volveré mago.  Me vestiré con ese camisón negro o rojo, adosado con cometas, estrellas y lunas amarillas, me pondré la barba larga blanca, los lentes de sabio, y el sombrero de cucurucho. Y tendré la varita mágica en mis manos; servirá para agitarla, y por arte de magia, de esa que poseía Josep, con un toque,  haré que él reaparezca. 

   Larga vida a Josep Bartolí.

Homenaje a las mujeres del mundo / Bartolí

Bibliografia:

La retirada, éxodo y exilio de los refugiados españoles. Relato de  Laurence García, Dibujos y fotografias de Josep Bartolí. Ed. El mono libre, 2020, España.

Campos de concentración 1939-194…. Molins I. Fabrega, dibujo Josep Bartolí. Ed. Iberia, México.